La Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) oficializó la reelección de Walter Mazariegos en un proceso que, lejos de ser transparente, estuvo marcado por irregularidades que atentan directamente contra la autonomía universitaria y la credibilidad de la institución.
La decisión del Consejo Superior Universitario (CSU) de dejar fuera a cuerpos electorales de oposición y acreditar solo los afines a Mazariegos ha desatado una ola de críticas y denuncias de fraude.
Así favoreció el CSU a Mazariegos
A menos de 48 horas de la elección de rector programada para el 8 de abril en Antigua Guatemala, el CSU conoció los dictámenes de 21 cuerpos electorales, cada uno integrado por cinco personas.
En una maniobra que recuerda a la controvertida elección de 2022, el consejo resolvió anular 14 cuerpos electorales y acreditar solamente siete, beneficiando a los seguidores de Mazariegos y dejando sin voz a los 14 cuerpos que respaldaban a Rodolfo Chang Chun, decano de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia.
La repetición de esta modalidad de acreditación demuestra que no se trató de un error administrativo, sino de una estrategia deliberada para favorecer la candidatura del actual rector.
Se consumó otro fraude en la USAC
El bloqueo sistemático de cuerpos electorales, la acreditación selectiva y la falta de transparencia no solo cuestionan la legitimidad del proceso, sino que reflejan un patrón de manipulación que compromete la democracia universitaria.
La intervención de juzgados y Salas de Apelaciones en el trámite de los cuerpos electorales, lejos de garantizar justicia, se convirtió en un recurso para validar decisiones que favorecen a Mazariegos y consolidan un fraude que podría poner en riesgo la autonomía de la USAC.
La comunidad académica ha señalado que la combinación de exclusión de cuerpos electorales, doble voto y decisiones del CSU constituye un ataque directo a la credibilidad de la universidad.
Imposición de Mazariegos
La imposición de Mazariegos no solo repite errores del pasado, sino que profundiza la desconfianza entre estudiantes y profesionales, quienes ven cómo el poder se concentra en un círculo que ignora la pluralidad de voces dentro de la USAC.
Si algo queda claro es que, bajo la dirección del CSU y la figura de Walter Mazariegos, la universidad corre el riesgo de institucionalizar prácticas de manipulación electoral. La autonomía universitaria se ve comprometida, la democracia interna se ve socavada y la confianza de la comunidad académica queda en entredicho.
Hasta que no se revisen y reformen los mecanismos de elección, la USAC seguirá siendo escenario de procesos parcializados que benefician intereses particulares sobre la institucionalidad y la voz de todos los guatemaltecos vinculados a la universidad.