En Guatemala, las resoluciones judiciales ya no sorprenden por su lógica jurídica, sino por su eficacia para desmontar casos sólidos de corrupción. Esta semana, el juez suplente Eduardo Orozco, del Juzgado de Mayor Riesgo B, decretó el sobreseimiento de Julio César Aldana Franco, operador financiero clave de la red criminal que lideraron los expresidentes Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti. ¿Su justificación? “No hay pruebas suficientes”.
Lo que sí hay —y en abundancia— es evidencia documentada que vincula a Aldana Franco con el lavado de más de Q59 millones en operaciones sospechosas entre 2011 y 2015. Según la investigación de la Comisión Internacional contra Impunidad en Guatemala (CICIG) y la antigua Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI), el acusado creó una red de 31 empresas fachada, manipuló contabilidad, falsificó firmas, y rotó fondos entre cuentas bancarias para simular solvencia financiera.
El dinero sucio financió remodelaciones en propiedades ligadas a Baldetti, como el Hotel Mansión de la Luz en Antigua Guatemala, pagó proyectos vinculados a Pérez Molina y hasta tarjetas de crédito personales. Nada de esto fue suficiente para Orozco.
Así fue como el juez libró de varios delitos a Julio Aldana Franco
El juez descartó la figura de asociación ilícita, argumentando que no se podía vincular a Aldana con una estructura criminal porque, irónicamente, ni Baldetti ni Pérez Molina fueron acusados por ese delito específico en esta causa. Es decir, no hay red porque no hay otros nodos formalmente acusados. Una interpretación legalista que ignora por completo la evidencia del funcionamiento coordinado de una organización delictiva.
Para lavado de dinero, Orozco se alineó con la defensa del acusado, quien dijo que todo lo canalizado fue a través de empresas legalmente constituidas, como si tener escritura mercantil fuera garantía de licitud. Ignoró que esas sociedades sirvieron para simular dividendos, justificar préstamos ficticios y mover fondos con documentación falsa. Se desestimaron testimonios clave, como el de una contadora que admitió firmar dictámenes con cifras irreales o el de un perito que denunció la falsificación de su firma.
Y sobre el cohecho activo, el juez dijo que no se podía probar cómo, cuándo ni de qué forma Aldana Franco benefició a Baldetti. La Fiscalía documentó depósitos, simulación de dividendos y transferencias disfrazadas. Pero nada de eso, según Orozco, basta para establecer el delito.
La resolución incluyó un punto predecible: los informes de la CICIG no pueden ser considerados válidos. Orozco se escudó en una resolución previa de la jueza (ahora magistrada) Eva Recinos, quien dejó sin efecto los aportes de la comisión tras su expulsión del país. La decisión se mantiene “firme” porque no fue impugnada. Así, una montaña de evidencia se descarta por un tecnicismo.
Exjefe de la FECI reacciona
El exfiscal Juan Francisco Sandoval —hoy en el exilio— denunció públicamente el fallo: “Pese a una montaña de evidencia sobre lavado de dinero, cohecho activo y asociación ilícita, el juez decretó el sobreseimiento”. Y no es para menos. La acusación reconstruía cómo Julio Aldana Franco canalizó más de Q186 millones en préstamos obtenidos con documentos falsos, cómo Proyectos Rentables de Inversión, S.A. sirvió para enviar más de Q12 millones a Baldetti, y cómo se operó todo desde Construgua, donde los depósitos se hacían con segundos de diferencia para simular actividad comercial.
En cualquier sistema judicial funcional, semejante patrón de conducta sería más que suficiente para enfrentar juicio. Pero en Guatemala, la justicia está al servicio de quienes cooptaron el Estado. El Ministerio Público, dirigido por Consuelo Porras, no apeló con fuerza. ¿Negligencia o complicidad? La pregunta ya ni siquiera incomoda.
Este fallo no es aislado. Es parte de una política deliberada para borrar la memoria judicial de los grandes casos de corrupción. Hoy, cerrar el expediente de uno de los operadores financieros del saqueo es posible gracias a la colaboración del sistema de justicia. En Guatemala, la impunidad no es una falla del sistema. Es su columna vertebral.